Carnaval
Cuando se mira de cerca se le notan todas las arrugas a mi disfraz. No me pidas que me lo quite, sin él estoy aún peor.
Cuando se mira de cerca se le notan todas las arrugas a mi disfraz. No me pidas que me lo quite, sin él estoy aún peor.
Mujer come hijo,
hijo succiona mujer,
hombre penetra mujer,
mujer absorbe hombre,
sobre el mismo plano
(Alberto Giacometti, 1932)
Cuando Malevich pinta el Cuadrado negro en 1915 no es capaz de comer ni beber en una semana, tal era su grado de excitación por el audaz hallazgo. Se trata de un cuadrado negro con un fondo blanco alrededor, tan criticado al comienzo como copiado después. Años más tarde, obligado por el estalinismo, vuelve al realismo de sus comienzos. Detenerse a comparar las fechas y estilos de cada uno de sus periodos resulta desalentador.
Progresa adecuadamente; reconoce casi todas las marcas con las que desea vestirse, es capaz de recordar sin equivocarse la programación de varias televisiones, ya sabe el coche que comprará cuando sea mayor, ciertamente, el profesor acertó al calificar a su alumno: progresa adecuadamente
Las sábanas fueron enterradas, limpias, planchadas y dobladas. La tierra seca oculto su blancura
La bondad es requisito indispensable para acceder a los privilegios de nuestra comunidad. Tal era el deseo de nuestro fundador, aquel que quiso encerrarnos para siempre y a la vez proclamar su excelencia
Kant. Construyó una filosofía con las herramientas de la ciencia. ¿Seria posible construirla con las de la poesía? Buscar en Gaston Bachelard…
No tengas miedo, la oscuridad es nuestra compañera y a ella le debemos lo mucho que hemos recorrido sin ser vistos. El tiempo de la huida toca a su fin, pero ya no sabemos cómo no ocultarnos. Hemos aprendido a pasar desapercibidos, a mezclarnos entre los demás sin hacer ruido y ni tú ni yo recordamos cómo se vive al descubierto. La luz molesta. Quizás sea mejor así y no merezca la pena cambiar. Huyendo del resto me siento más cerca de ti. ¿No te ocurre lo mismo?
Olor a barniz, a trementina, a óleo. Suave mareo. Lucidez en el sopor.
Dejar caer, aleatoriamente, un metro de cordel sobre una hoja de papel. Iluminar con varios puntos de luz y dibujar con tinta china negra las sombras de la cuerda sobre el papel. Aparecen curvas que evolucionan sobre la superficie blanca ascendiendo o dejándose llevar hacia los extremos. Elaborar un libro con tal técnica combinada con piezas de madera pintadas al óleo en sucesivas franjas de color dispuestas en horizontal o vertical. En cualquier caso suponen un homenaje a Duchamp y su “3 standard stoppages”
Era su bebida favorita. La receta que daba es la siguiente: “Sobre el hielo bien duro echo unas gotas de Noilly-Prat y de angostura, lo agito bien y tiro el líquido, conservando únicamente el hielo que ha quedado levemente perfumado por los dos ingredientes. Sobre ese hielo vierto la ginebra pura, agito y sirvo. Eso es todo y resulta insuperable”.
La felicidad, como dice la empresa Disney, es la mercancía más rentable del mundo y a eso se aplican ahora no sólo los dibujos animados y las películas fantásticas, sino….
The condition of synaesthesia (from the Greek syn [union] and aisthesis [sensation], in which a stimulus received in one sensory modality gives rise to an experience in another, has been known to the scientific community for nearly 300 years and yet has remained relatively unexplored
…que una ficción, prisionera entre la razón y el deseo; presta a ser desmontada, agrandada o achicada por la inatrapable vida.
Y los peces salieron a combatir contra los hombres
De Angélica Lidell
Compañía Atra Bilis
Interpretada por Angélica Lidell y Sindo Puche
Teatro Cuarta Pared
Querido señor Puta
Usted, preocupado en conseguir que su cutis, sus arrugas, sus rojeces y angiomas se tornen mate en su necia batalla contra la infalible vejez, mientras dos tercios de la humanidad buscan desesperadamente su supervivencia un día más; …
…usted, señor Puta, intranquilo en su tumbona, a la espera de la nueva pócima más hidratante y más audaz, que le prometió Helena Rubinstein con culo de mono y pata de pollo, mientras ese mismo tercio no tiene un suspiro que llevarse a la boca; usted, señor Puta, que cree que a las profundidades marinas sólo bajan los laboratorios en busca del compuesto del Life Pearl, a base de perlas negras micronizadas y de jugo vegetal precioso extraído de un helecho neozelandés, y se acuesta cada noche sabiendo que esa planta que almacena el agua para hincharle la piel y borrar la arruga, amanece en la boca de quien intenta buscar prosperidad en nuestro país, Españñññña; para usted, señor Puta, cuyo máximo reto en la vida es atajar la sequedad, sepa que no comparte intenciones vitales con esos que desafían las aguas atlánticas del Estrecho, para pisar playa, con un poco de suerte, algo de viento a favor, nada de marejadilla y un madero de la zozobra. Querido señor Puta, que ya estamos hartos, que ni siquiera sabemos cuántas personas mueren al año en esta travesía y ya no queremos mirar para otro lado, ni pasar de página a otra noticia, ni cambiar de canal. Mire señor Puta, por mucho que haya leído a Paul Valery, a estas alturas del partido ya debería saber que hay algo más profundo que la piel, y es que sus cremas no le convertirán en un viejo de primera por mucho entrecejo terso y expresión congelada con la que se vaya al otro barrio, que a su vanidad sólo la supera la mala conciencia del testigo pasivo de un abuso más de un derecho humano.
Querido señor Puta, quería hacerle saber a través de esta carta, que la compañía de teatro Atra Bilis se pregunta qué pasará el día que nos enteremos del número real de muertos, del cómputo histórico que hizo imposible reír después de Auschwitz. Ay, señor Puta, ¿de verdad no se lo ha preguntado nunca? ¿Y si algún día todos esos ahogados, mordidos y comidos por los peces del Estrecho, apareciesen convertidos en peces? ¿”Y los peces salieran a combatir contra los hombres”? Quizá entonces la idea de patria abanderada aparezca mutilada por alguna costa, mientras trataba de refugiarse en otro país. Mire, por si no lo sabía, Angélica Lidell no es agradable, no busca su tranquilidad, ni colarse el sábado por la noche en el saloncito de su casa a la hora de cenar. Ella, una vez más, limpia el maquillaje de la doble moral que camufla lo peor del ser humano y lo sirve en plato frío. Querido señor Puta, sepa que cuando Angélica se dirige a usted en escena lo hace con la mejor de las intenciones: que se extinga de una vez por todas la especie a la que usted pertenece. Para ello, dispone en la Cuarta Pared su primer espectáculo “antipolítico” y “antisocial”, el más esperpéntico visualmente, aligerado de barroquerías, y con una mano de ligeresa en el texto. El aire que ha hecho circular entre los planos donde sitúa sus instalaciones (el bodegón de botellas de agua, la cruz gigante a base de lavadoras, el proyector, Sindo convertido en sirenita cañí), desmonta el mundo cerrado y claustrofóbico del “Tríptico de la Aflicción” y crea un tiempo mucho más dilatado y atormentado. Angélica Lidell, Sindo Puche y las luces de Marquerie convierten la información en horror: titulares ignorados se vuelven en poesía del abatimiento. Con su traje de Lola de España atunada y un diálogo monologado, Angélica interpreta la España pacata, soberbia, intransigente y tóxica de la que usted, señor Puta, tan rícamente disfruta en las costas gaditanas, mientras otra patera naufraga antes de la playa.