A nada
No me comprometo a nada
No me comprometo a nada
Antes el autor escribÃa desde la intimidad y la hacÃa visible al mundo (mito romántico). Hoy toma los materiales directamente del mundo (información en bruto) y los maneja en una intimidad que luego emite. (*)
Todo sujeto es el resto inquieto de un par cuyo mitad substraÃda no cesa de requerir a la que ha quedado. (*)
Los Estados nacionales modernos son ensayos polÃtico-espaciales para reconstruir, con medios imaginarios institucionales, cuerpos maternos fantásticos para masas de población infantilizadas. (*)
Viajar no habÃa sido para él sino una medida higiénica que, aun contra su voluntad, era preciso adoptar de tanto un tanto (*)
Yo no tengo muy claro que yéndote, por muy lejos que te vayas, puedas escapar. Me da la impresión de que no hay que confiar demasiado en la distancia. (*)
PÃo Baroja y Franz Kafka escribieron en el mismo tiempo histórico. (*)
La realidad no existe cuando no la estamos observando (*)
“No me interesa la gente que está fuera del sistema, sino los marginales que todavÃa trabajan dentro” Slavoj Zizek
El proceso de una pieza puede durar años o unos segundos. Le doy vueltas hasta encontrar la forma que me convenza. Cuando sucede voy al estudio y lo hago. Pero no voy al estudio a inspirarme. Mi trabajo es conceptual, no manual. Es literatura. (*)
Un estado demasiado actual y común de lo social es el cansancio. Prácticamente todo el mundo se encuentra cansado o se declara exhausto. Sin importar la edad e incluso la clase social los trabajos distintos y las obligaciones incomparables, el cansancio impregna a la masa social como un pesado carácter del tiempo y sin que, además, la causa pueda atribuirse a una faena desaforada o a un exceso de autoauscultación. Bajo una u otra explicación, la fatiga se alza como la estampa general y como la forma universal de la queja (*)
Uno podrÃa ser feliz, podrÃa ser feliz perfectamente, pero hay un obstáculo: los otros. Los otros, por el hecho de estar ahà siempre, juzgándote, preguntándote, queriendo saber de ti y los tuyos, por el hecho de querer ver dentro de ti, son los responsables de que yo no sea nunca feliz. PodrÃa serlo, ya digo, pero los otros se me cruzan en el camino. Con sus deseos inmediatos, con sus pornografÃas cotidianas, con su fascismo rampante, con sus babas por doquier. (*)
Y aun cuando el hombre, tras múltiples esfuerzos, consigue mitigar o escapar momentáneamente del sufrimiento, termina por caer, de manera inexorable, en el insoportable vacÃo del aburrimiento. De ahà que la existencia humana sea un constante pendular entre la Escila del dolor (Schmerz) y la Caribdis del tedio (Langeweile)
No es el tedio la enfermedad del aburrimiento de no tener nada que hacer, sino la enfermedad más grave de sentir que no vale la pena hacer nada. Y, siendo asÃ, cuanto más tengamos que hacer, más tedio sentiremos.